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(In)disciplina y aprendizaje experimental

Selina Blasco y Lila Insúa se mueven entre la formalidad educativa del ámbito universitario y la disidencia de la disciplina a través de métodos y modos de aprendizaje experimentales. Por Irene Calvo. Ilustración de Ana Flecha.


Provenís de una formación en Bellas Artes, en el caso de Lila, e Historia del Arte, en el de Selina. ¿Podéis contarnos un poco más sobre vuestra formación? ¿Fue interdisciplinar?

Selina Blasco: Compaginé Historia Moderna con Historia del Arte, mi carrera se llamaba “Geografía e Historia” y había varias salidas, una de ellas la de Historia del Arte. En ese sentido, sí que era más interdisciplinar que ahora. Tampoco es que fuera el paradigma de la interdisciplinariedad universitaria pero, por ejemplo, en Geografía nos enseñaban a dibujar mapas y a leerlos, ahora no creo que eso se haga en Historia del Arte. Tengo las dos especialidades, pero siempre tuve claro que me dedicaría a la Historia del Arte.

Lila Insúa: Mi formación fue mucho menos interdisciplinar. Estudié Bellas Artes entre 1993 y 1998 en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense. Era el último año del plan antiguo de ese momento, seguía siendo una licenciatura de cinco años y había que elegir especialidades, ni siquiera teníamos asignaturas optativas de libre configuración.

¿Creéis que vuestras experiencias en la formación universitaria han afectado a cómo desarrolláis ahora vuestra profesión?

LI: Creo que es algo que sí hemos buscado en algunas de las actividades que llevamos a cabo; propiciar esos cruces entre disciplinas, quizás no de una manera directa, pero lo hemos intentado, por ejemplo, en Programa Sin Créditos y el propio perfil de los participantes. No había una única formación o requisito previo para entrar en el programa, de hecho, los perfiles que nos llamaban la atención eran de lo más variado: arquitectos, gente de artes escénicas, artes visuales.

¿Se fomenta el perfil interdisciplinar en la universidad española?

SB: Es difícil encontrar formación interdisciplinar en la universidad española porque todos los programas están llenos de asignaturas que hay que cursar y no hay tiempo, no existe una posibilidad de poder elegir materias de diferentes carreras. Incluso cuando existían las asignaturas de libre elección los horarios tampoco te permitían desplazarte por el campus para cursar materias en otras facultades. El tiempo de los estudiantes está lleno de una asignatura tras otra, es totalmente escolar. El estudiante no tiene prácticamente capacidad de elección, porque los programas de las carreras están diseñados para que sólo se curse esa carrera, todo lo demás es un simulacro. Es alucinante que en el campus de Ciudad Universitaria de la Complutense haya tantas facultades y no exista ni un cruce entre dos de ellas; pero no es casualidad. Cada carrera tiene su tiempo pautado para que no haya tiempo para otras materias. Cuando yo estudiaba tenía tan solo cinco asignaturas anuales, por lo que tenía tiempo libre para moverme por el campus, conocerlo, entrar en otras clases que no eran de mi carrera. Me gustaba ir a la Escuela de Arquitectura, y entrar a las clases de Javier Sáenz de Oiza, porque tenía tiempo libre. Estamos asistiendo a una escolarización de la educación universitaria, ¿cómo van a tener los estudiantes curiosidad por otras cosas, si no tienen tiempo?

¿Guarda lo disciplinar alguna relación con el capitalismo académico contra el que, Selina, te posicionas?

SB: El capitalismo académico fomenta lo interdisciplinar, y es la causa de que haya ahora mismo tantos grados mixtos y tantos grados nuevos: se diversifica la oferta para que haya mucha capacidad de elección, pero desde unos programas prediseñados. Y la verdadera interdisciplinariedad es aquella que no viene de un programa cerrado, sino la que permite configurar tu curriculum y organizar los cruces disciplinares que quieres adquirir, a medida, además, que vas estudiando; esto no tiene que ver con carreras que compaginan Derecho con Económicas o con inglés. Aprovecho para recomendar una lectura de Brian Holmes activista cultural, que se titula “Investigaciones extradisciplinares. Hacia una nueva crítica de las instituciones”, donde habla de cómo una vez insertos en una disciplina, podemos salir hacia otras, volviendo críticamente al punto de partida, es decir, una interdisciplinariedad creada desde una situación que se quiere reelaborar desde un punto de vista crítico.

¿De qué sirven y a quién sirven las disciplinas?

SB: Muchas veces, sobre todo en artes plásticas, me preguntan: “¿Pero esto es cubismo o es postcubista o es…?” ¿Qué más da?, si ya partimos de que hay una construcción de la historia. La construcción que hace del conocimiento del arte la Historia del Arte es tan artificial como puede ser cualquier otra. El profesor Ángel González García bromeaba diciendo que como los renacentistas no sabían que eran renacentistas, a veces hacían cosas que se salían de lo establecido.

Las disciplinas sirven para clasificar. Pero cada vez estamos más inmersos en unas culturas que intentan no seguir esos modelos clásicos de clasificación.

LI: En la universidad las disciplinas sirven a nivel administrativo, como centros de poder, además. Y específicamente en este momento, en el que la Universidad Complutense está pasando por un periodo de reestructuración a nivel administrativo, nosotras, como docentes, lo que echamos de menos es que no haya un debate intelectual.

SB: Otro problema es que los profesores cada vez trabajamos más en recursos administrativos para la universidad y menos en recursos intelectuales, y esto repercute en lo que hablábamos antes, la interdisciplinariedad universitaria es retórica hasta para los docentes, nuestro tiempo también está cautivo y no sabemos qué se hace en otras facultades.

En unas declaraciones decíais, en relación al Vicedecanato de Extensión Universitaria de Bellas Artes, que había que abrir la facultad incluso dentro de la propia facultad. ¿Cómo se lleva este proceso a cabo?

SB: Lo que hacemos Lila y yo, que es trabajar juntas dos profesoras de generaciones y departamentos diferentes, ya es abrir la facultad dentro de la facultad; lo hicimos durante cuatro años allí y ahora lo hacemos, en parte, fuera. Lo ideal sería que lo pudiésemos seguir haciendo dentro, más allá del Vicedecanato de Extensión de Bellas Artes, o de organizar seminarios conjuntos. Y esto es sólo desde el profesorado, luego también hay otras aperturas.

LI: Tiene que ver con la flexibilidad. Hace falta tener la flexibilidad suficiente para organizar ciertas actividades que quizás no entren en los horarios establecidos, o que requieren un grado de apertura para suceder, y debería ser posible adaptar tiempos de intensidad o periódicos. Pero todo esto es impensable en nuestro sistema, genera conflictos a nivel logístico que no son posibles de resolver.

Sin embargo, no son tanto los medios o la falta de recursos – que también-, sino contar con personas que hagan de facilitadoras para que se pueda dar cierta flexibilidad, y es un tema que se debe pensar para que encaje a nivel burocrático, pero también desde una perspectiva más dinámica y maleable.

¿En este contexto surge Programa Sin Créditos?

SB: Surgió tras pensar en cómo dar continuidad a nuestro trabajo en Extensión Universitaria. Después de cuatro años terminamos esa labor para seguir siendo profesoras en la Facultad. La primera manera de darle continuidad fue publicar un libro, “Universidad sin créditos. Haceres y artes: un manual” (Editorial Asimétricas- Comunidad de Madrid, 2015), que recogía la experiencia del Vicedecanato. Posteriormente, surgió la posibilidad de que la Comunidad de Madrid, que es quien financia la universidad pública, apoyase primero económicamente la edición del libro, que nosotras habíamos pensado mucho más modesto, y segundo la invitación a rodear el libro de un programa, el Programa Sin Créditos.

¿Fue una forma de luchar contra los “saberes institucionalizados”, es decir, los planes de estudio rígidos y no adaptados a la realidad contemporánea?

LI: No. Nosotras partimos de una aseveración, que es que, además de formar parte de la universidad pública, militamos en ella, creemos en ella. Nuestras actuaciones no van en contra, nuestras actuaciones van encaminadas a sumar a la universidad pública y creo que esto es importante de remarcar, porque sí que existen otros discursos que van en contra, favoreciendo espacios de índole privada y otro tipo de organismos, a la vez que se trabaja en la universidad pública, lo cual nos parece una postura muy cínica. Somos profesoras y si no nos convenciera el trabajo dentro de la institución, nos iríamos. Creemos en la universidad y allí se dan espacios de posibilidad que no se dan fuera, lo que nos gustaría es que esos espacios se ampliaran y trabajamos por intentar pensar de una manera que sume a la universidad que queremos habitar.

SB: De hecho, el Programa Sin Créditos termina ya, e intentamos traer de vuelta a la universidad en la que trabajamos los aprendizajes que hemos adquirido durante el programa.

LI: Esos aprendizajes han afectado a nuestra docencia. Nosotras ahora mismo incorporamos muchas de las cosas que estamos haciendo a nuestras clases. En ese sentido, actuamos como agentes multiplicadores que trasladan de un sitio a otro estas experiencias.

En este sentido, y teniendo en cuenta que algunas de estas experiencias se desarrollan un poco en el margen de los parámetros de los programas oficiales, ¿habéis experimentado algún tipo de sanción por indisciplina? ¿Y algún reconocimiento por lo mismo?

SB: Según en qué foros. Yo tengo un reconocimiento por ser una historiadora del arte atípica, y ese es el reconocimiento que me interesa. Por otra parte, me siento muy reconocida por todo el trabajo que hicimos Lila y yo en el Vicedecanato de Extensión, que fue mucho, aunque fuera de la universidad, ya que formábamos parte de un equipo decanal que perdió las siguientes elecciones, así que estaba claro: nuestra facultad quiso algo diferente.

LI: Es cierto que dentro de la facultad y, en concreto, dentro de mi departamento sí que hay una defensa férrea de la disciplina, y mi trabajo dentro de Sin Créditos se ve como “esas excentricidades que haces tú”, no son valoradas.

Los trabajos que hemos desarrollado posteriormente a Extensión, por ejemplo, Selina con Intermediae o yo en una colaboración con un equipo de mediación en el MUSAC y más proyectos… Han venido dados por esos trabajos que hicimos en Extensión.

SB: Y por todo lo que nos movemos, desde ser jurados de convocatorias, hablar con medios, o ser las únicas profesoras de nuestra facultad que participamos en Intransit. Nuestro trabajo traspasa fronteras que no se conciben habitualmente.

Me llama la atención que seáis las únicas docentes de Bellas Artes que participen en Intransit este año, cuando se trata de un proyecto que estuvo muy dirigido, en un primer momento, a alumnos de Bellas Artes. ¿Por qué creéis que ocurre esto?

SB: Hay algo cultural en este país, y es que para participar en algo así, te tienen que llamar. Yo me siento llamada a muchos foros a los que no se me invita, es más, me gustaría participar en mucho más, a los que no me llaman expresamente. Nosotras somos personas curiosas y nos gustaría conocer otros lugares en los que no tendríamos por qué estar, pero nos encantaría. Es muy sencillo, si tú quieres estar en un sitio, pero no te han llamado, intentas ir igual, ¿no?

De todas formas, esto tiene que ver con la definición de la palabra “disciplina”, la disciplina es orden, al fin y al cabo, y premia y castiga. Y la universidad española es una estructura muy autoritaria y muy jerarquizada, salvo contadas excepciones. Todavía sigue rigiéndose por un sistema departamental, con unos protocolos específicos.

En una entrevista afirmabais que instituciones como la universidad o los museos legitiman un tipo de prácticas artísticas como hegemónicas. ¿Entre esas prácticas legitimadas se contempla la interdisciplinariedad?

SB: Interdisciplinar es la palabra mágica, todo quiere ser interdisciplinar. Pero es cierto que la interdisciplinariedad real es una fantasía capitalista. Para que verdaderamente podamos trabajar en igualdad de condiciones, creando proyectos conjuntos, que no haya jerarquías entre disciplinas, ¿qué condiciones hacen falta? ¿Qué contexto favorece esto?

LI: Nosotras nos movemos en un campo que podemos denominar prácticas disidentes de la rigidez canónica de la disciplina. Por ejemplo, las colaboraciones que hemos hecho y que hemos buscado en el Programa Sin Créditos han tenido que ver con una práctica de la arquitectura que se sale del entendimiento tradicional de la arquitectura, con invitados como Diego Barajas, Enrique Nieto, Miguel Mesa, Nerea Calvillo. Un grupo de gente que practica la arquitectura desde otro lugar y que nos interesa establecer un diálogo con ellos.

No es tanto una interdisciplinariedad, sino una disidencia del canon, una celebración de otros modos, volver a los haceres pero desde posiciones que no impliquen una salida única.

¿Qué requiere lo interdisciplinar para producirse realmente?

SB: Que no haya disciplinas. Interdisciplinar es -más que preguntarte de dónde vienen las diferentes disciplinas y sus mecanismos- negar las disciplinas.

LI: Y añadiría condiciones de vida, todos estos debates no pueden darse sin unas condiciones de vida, se piensa que todas tenemos unas condiciones y una neutralidad de la que partir, pero no es así.

¿Cómo debería ser la universidad del futuro?

SB: Una institución más porosa. La legitimidad del saber que da ahora la universidad es más anacrónica que nunca. La universidad está en un momento complicado porque tiene que saber abrirse al reconocimiento y al valor de saberes que normalmente no está dispuesta a incluir ni a validar. La universidad utiliza moneda franca, una moneda que solo circula dentro de ella y cada vez tiene menos valor fuera de ella.

LI: Habría que hacer un buen ejercicio de ciencia ficción para pensarlo [risas].

Estamos construyendo un gabinete de curiosidades pidiendo a los entrevistados del proyecto Interdisciplinarixs que nos sugieran tres objetos que incluirían en este espacio figurado centrado en la interdisciplinariedad. ¿Qué os gustaría añadir?

LI: Lo primero que metería es un sonotone, para escuchar. Creo que es básico no partir solo de aseveraciones y escucharnos los unos a los otros.

SB: Algo que no sé exactamente cómo funciona pero que considero necesario, como una navaja suiza. Así, las partes que no sé utilizar, las podría usar de otras formas y darle nuevos usos.

LI: Y un espejo deformante, algo que no dé cuenta de una realidad unívoca, algo que sientes de una manera y ves de otra.


Selina Blasco es profesora de Historia del Arte en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense y Lila Insúa profesora de Proyectos y Estrategias en la misma Facultad. Entre 2010 y 2014 desarrollaron el Vicedecanato de Extensión Universitaria de Bellas Artes, el cual desarrolló una actividad centrada en métodos de aprendizaje alternativos y otros haceres. Han coordinado el Programa Sin Créditos durante 2016 y 2017 y acaban de publicar “Programa Sin Créditos. Una investigación basada en la práctica artística” (Ediciones Asimétricas-Comunidad de Madrid, 2017), un volumen que recoge la experiencia del primer año del programa.