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Arquitectura interrelacional

Uriel Fogué, Camilo García y Diego Barajas son arquitectos. Desde sus estudios, eliii y Husos, profundizan en la cotidianeidad de los espacios, huyendo de las convenciones y ampliando las posibilidades existentes entre forma y uso. Por Carlos Almela. Ilustración de Ana Flecha.


Cuando supiste que teníamos previsto entrevistaros a ambos, propusiste, Uriel, que en vez de por separado hiciéramos más bien una entrevista a tres bandas. Y es cierto que además de la amistad que os une, hay años de una interlocución estimulante entre Husos y tú. Me gustaría empezar justamente preguntando qué compartís. ¿Cómo os conocisteis, cómo surgió este diálogo sostenido en el tiempo y qué tenéis en común? ¿Habéis colaborado en algún proyecto?

Uriel: La verdad es que no me acuerdo de cómo nos conocimos. ¿Vosotros os acordáis? Es como si nos conociéramos de toda la vida.

Camilo: ¿En UHF tal vez?

Diego: Es verdad. Recuerdo que antes de conocerte en persona, ya teníamos en mente vuestro trabajo en la revista UHF. Era una revista muy transversal, que tenía categorías heterodoxas, como, en vez del mejor proyecto de arquitectura, reseñar el peor. Me llamaba mucho la atención la manera en que se cuestionaba tanto lo que se entiende por arquitectura, como lo que era una revista.

Uriel: UHF era un colectivo que hacía una publicación aperiódica, y a mucha honra. Nunca salía hasta que sentíamos que estaban los contenidos, lo cual a veces alargaba muchos los procesos. Éramos diez personas, entre ellas Carlos Palacios, uno de mis socios en elii, junto a Eva Gil. Empezamos en la universidad a hacer la revista, a finales de los años 90, porque nos parecía que casi todas las revistas eran muy parecidas, y queríamos hacer la revista que a nosotros nos molaría leer. UHF tenía muy pocas reglas, pero las que tenía, las respetábamos a rajatabla. Por ejemplo, nos repartíamos cargos nobiliarios, como el camarlengo, quien, en caso de que alguno muriera, tenía el cometido de darnos con el martillito en la cabeza para certificar la defunción. Todos los contenidos que se incluían en el número eran inéditos, o como mucho, que hubieran salido en una revista vetusta, por ejemplo una revista japonesa de los años 50: esa era otra norma. Y, como decía Diego, siempre se incluía algún proyecto muy malo, recuerdo una urbanización en Marbella,... Al principio era obvio, ¡hasta que decidimos no explicitar cuál era el proyecto malo!, lo que hacía que la gente se pusiera muy nerviosa. La última norma es que –claro, ten en cuenta que esto era en época pre-internet– cualquier material que figurase en la revista podía ser copiado, fotocopiado, reproducido... una especie de creative commons improvisado.

Diego: Cuando empezó la revista, nosotros estábamos en Holanda, pero en cuanto llegamos a Madrid, si te interesabas por este tipo de prácticas, dabas con la revista. En los últimos años hemos colaborado en talleres, clases, conferencias; hemos estado pendientes los unos de los otros y atravesado algunos espacios comunes, como El Ranchito.

Uriel: Hay diálogos visibles y otros invisibles. Para mí el trabajo de Husos es como la formalización de muchas ideas que, de repente, ves problematizadas, o materializadas: por ejemplo el jardín hospedero y nectarífero. Ver que alguien había hecho eso, fue como “pum!”.

En la intersección entre vosotros, hay una escuela que os ha marcado y que ha sido un punto de encuentro para los tres, que es la escuela de arquitectura de Alicante. Con José María Torres Nadal, Enrique Nieto, Miguel Mesa, etc., compartís una manera particular de entender y de practicar la arquitectura. Me gustaría partir de la tesis de Miguel Mesa en la que diagnostica “la urgencia de reconocer la existencia de un número elevado de prácticas que problematizan críticamente las cuestiones socio-espaciales y que no aparecen habitualmente consideradas como arquitectónicas, ya sea por la enorme inercia de los discursos disciplinares, la identificación tradicional de lo arquitectónico con lo diseñado para ser materialmente construido, el desinterés de las agencias involucradas o por una descuidada exploración crítica de dichas prácticas”. ¿Qué os parece este diagnóstico? ¿Diríais que vuestras investigaciones y trabajos de arquitectura están justamente apuntando en esa dirección crítica?

Uriel: Una cosa bastante graciosa es que la persona que me acaba de llamar hace unos minutos, era Enrique Nieto… ¿Casualidad?, ¡yo diría que no! Risas.

Diego:En la frase de Miguel Mesa hay varias cosas involucradas. La primera, entender la arquitectura no como una práctica autónoma, sino inscrita en un contexto extenso y heterogéneo, en el que ésta opera. Esto a lo mejor a muchos nos puede parecer un tanto obvio en nuestras prácticas, pero la realidad es que sorprendentemente permanecen maneras de entender la arquitectura para las cuales no es tan obvio. Creo que la práctica de elii y la nuestra en Husos comparten muchas cosas, entre ellas entender que la arquitectura participa en la construcción de ecosistemas amplios, realidades y cotidianidades diversas, en las que queramos o no, ya opera, tanto si somos conscientes como si no. En nuestro trabajo buscamos ser conscientes de estas interrelaciones y trabajar a partir de las mismas. Y es que la arquitectura en el día a día ya de por sí es interdisciplinar. En el trabajo que hicimos sobre urbanismos dispersos en Rotterdam, por ejemplo, intentamos acercarnos a los locutorios entendiendo la importancia del espacio físico en vínculo estrecho con otros como aquel construido por el cable del teléfono: es decir infraestructuras aparentemente no arquitectónicas pero esenciales para su funcionamiento como espacio colectivo en la ciudad. Aparecía entonces un espacio cerrado que aunque no formaba parte del conjunto de los llamados espacios públicos, era parte integrante de lo urbano y de formas de comunidad, de un modo similar al que funcionan las plazas en la ciudad tradicional. Otro aspecto que enlaza con la observación de Miguel, es que, más allá de un compromiso con entender las diferentes capas de lo real en las que se opera, elii y nosotros compartimos la voluntad de posicionarnos críticamente ante éstas. Diría que ese posicionarse se asemeja a la idea doble de “vision” que propone Donna Haraway, que tiene que ver con establecer un punto de mira y al mismo tiempo con la capacidad de imaginar otras realidades posibles.

Uriel: El diagnóstico de Miguel Mesa es muy pertinente. Hay que cuestionar lo que se entiende por construir y su estrecha asociación con la arquitectura. Por ejemplo, si por construir se entiende también la construcción de lo social, entonces el papel de la arquitectura se amplía: el trabajo arquitectónico puede intervenir en esos procesos, acelerándolos, frenándolos, recomponiéndolos,… La arquitectura, además de en las edificaciones, se construye también en los imaginarios, en las publicaciones, en los medios, en las escuelas de arquitectura, que son pequeños laboratorios donde se ensayan propuestas. De ahí que también sea responsabilidad de la arquitectura intervenir en el conjunto de ese ecosistema al que hacía referencia Diego.

Prolongando estas reflexiones sobre vuestras prácticas respectivas, me gustaría ahondar en un conjunto de haceres que aparecen en vuestro trabajo y que contribuyen a esta arquitectura expandida o extensa que mencionas, Uriel. La primera, y por hacer honor al proyecto, sería la contaminación con otros campos de saber. ¿En qué otras disciplinas, espacios de conocimiento encontráis herramientas para pensar, problematizar mejor? ¿Diríais que estas investigaciones, dispositivos y materializaciones híbridas o bastardas en que resultan vuestros trabajos siguen siendo principalmente arquitectónicas? O en el fondo, ¿importa poco si es o no es arquitectura y hay que concentrarse en la formulación de problemas interesantes?

Camilo: En nuestro caso, cada proyecto genera sus preguntas y necesidades. Por ejemplo, el edificio jardín hospedero y nectarífero parte del encargo concreto de mejorar ciertos puntos de tensión en el día a día de las cinco mujeres que trabajan en él. Este trabajo nos llevó a investigar ciertas realidades de Cali, para dotar al proyecto de algunos elementos singulares de la ciudad, como puede ser la vegetación. Cali está localizada entre dos hotspots de biodiversidad, amenazados o impactados por las decisiones que se toman justamente en la ciudad, que no por casualidad se instala en zonas ricas en múltiples “recursos”. En este marco general, invitamos al biólogo Francisco Amaro, quien a su vez interactuó con todo un conjunto de saberes fragmentados y personas. Por ejemplo, nos interesamos por lo que ocurría en los zoológicos y colegios de las afueras, que tenían estrategias para integrar la fauna y la flora, e intentamos traer esas prácticas también al centro de la ciudad o a otras esferas cotidianas. En particular descubrimos el papel de ciertas mariposas como indicadores de biodiversidad y del estado de un determinado ecosistema, y esto requirió articular los saberes de los agrónomos, quienes conocen el cultivo de pasifloras como el maracuyá, una de las especies hospederas, pero en el campo, no en la tercera planta de un edificio. Y los biólogos saben la importancia de esta pasiflora, pero no saben del cultivo. Y los jardineros no siempre saben de plantas del ecosistema local, sino más de las que se encuentran en revistas o viveros. Este descubrimiento requirió de la implicación también de las propias habitantes, que más que clientas, eran acompañantes del proyecto.

También formaba parte del proyecto que estas interacciones complejas se insertaran en los imaginarios de las personas, clientes, proveedores, amigos que se acercaran al edificio... Las etiquetas de la ropa que compraban tenían información, había postales que contaban la relación entre plantas e insectos, la gente se podía llevar semillas y plantarlas: en definitiva, el proyecto incorporaba acciones materiales e inmateriales que posibilitaban la extensión del mismo. Este caso muestra bien que sin una integración de distintos agentes y disciplinas, el proyecto no se habría podido llevar plenamente a cabo.

Diego: El proyecto nos permitió entender diferentes maneras en que lo natural estaba engranado en lo social y viceversa. Este reconocimiento de cómo ciertos cuerpos políticos participan en la fabricación de ciertas naturalezas es otro punto en el que creo coincidimos con el trabajo de Uriel y de elii. Estoy pensando en la Jane Fonda Kit house, en la que los imaginarios pop permiten revelar relaciones entre cuerpo, energía y sostenibilidad .

Uriel: En elii tenemos por evidencia que la ciudad, el paisaje o el entorno es una construcción colectiva, lo que hace que éstos sean espacios muy disputados, controvertidos. Participar en dichos espacios significa tomar parte en esas controversias: re-articulándolas, provocándolas, manifestándolas, controlándolas. Esto nos ha conducido en nuestro trabajo a buscar alianzas con gente de otros ámbitos como la filosofía o la sociología, algo que va surgiendo sobre la marcha. Por ejemplo en el caso de la casa de Jane Fonda, colaboramos con el sociólogo Fernando Domínguez Rubio con quien llevábamos tiempo trabajando juntos ciertos temas. No tengo claro que la pregunta “¿Qué es la disciplina arquitectónica?” sea una pregunta prioritaria en este momento. No digo que no sea interesante, aunque tiene algo de debate de salón, que siempre está ahí. Pero no hay que olvidar que la arquitectura es una disciplina ya de por sí bastarda. Date cuenta de que la mayoría de los considerados maestros de la arquitectura moderna, casi ninguno era arquitecto. En esto siempre recuerdo a otra amiga común, Amparo Lasén, quien, en un debate de FreshMadrid donde se debatía intensamente lo que era o dejaba de ser arquitectura, levantó la mano y dijo: “chicos, da igual”. La sociología nació con el mismo debate, sigue con el mismo debate, y mientras tanto, se ha seguido haciendo sociología. En el fondo lo que importa es ponerse manos a la obra.

Diego: Es un tipo de debate muy de la gente de dentro, a los de fuera les suele importar bastante menos.

Uriel: Total. En relación a esta búsqueda de alianzas, nos interesa participar de los debates donde muchos filósofos y sociólogos (entre otros), se están cuestionando los modos de construcción de los espacios de cohabitación. Hay una toma de consciencia de que en esos espacios bastardos e híbridos se pone en juego algo interesante. Por ejemplo, en nuestro caso, el Gabinete de crisis de ficciones políticas plantea una dinámica que trata subvertir el conocimiento especializado. Planteando escenarios radicales, se invita, de manera irónica, a un grupo dispar de expertos a formar parte del gabinete de crisis. Lo interesante es que, al no haber experto alguno sobre la invasión de la tierra por alienígenas, la palabra no puede ser poseída y circula, porque en el fondo nadie es el súper conocedor de la invasión de la tierra por alienígenas. Como nadie ha vivido esa experiencia, la construcción del debate revela simultáneamente la utilidad y la fragilidad de las posiciones disciplinares o de autoridad, posibilitando una confrontación interesante y una toma de conciencia de la propia posición en el presente.

Siguiendo con estas otras maneras de hacer arquitectura, o estas maneras de hacer otra arquitectura, quisiera preguntaros sobre dos pautas de trabajo que, a primera vista, parecen contrapuestas. En el caso de husos, es un leitmotiv la atención al contexto, a las realidades micro-cotidianas, algo que se puede ver con claridad en la manera en que por ejemplo planteáis los urbanismos de remesas dando protagonismo a las personas que os ayudaron a entenderlos: Johana, Héctor, Lilia. Uriel, en tu caso me gustaría preguntarte más bien por algo que parece lo opuesto y que es la potencia de la ficción para retar, alterar la arquitectura. Estoy pensando en proyectos de elii como “What is a Home without a mother”

Uriel: Yo no veo separado el mundo de lo ordinario, de lo cotidiano y el de la ficción, porque, al fin y al cabo, lo ordinario está articulado a través de ficciones (además de muchas otras cosas, como tecnologías, normas, objetos, etc). No existe una frontera entre ficción y realidad, como tampoco la hay, de hecho, entre naturaleza y cultura. La ficción son grumos o zonas de la realidad. Con María Jerez siempre nos reímos pensando que nuestra generación ha aprendido a enamorarse viendo pelis chungas de Sandra Bullock. El proyecto de arquitecturas de ficción parte de esa idea. Si hemos aprendido roles, géneros, ideas políticas, colonialismos, seguro que también nos impregnamos de arquitectura a través de la ficción. Con elii tomamos conciencia de esto y nos fijamos en que, sin embargo, la historia de la arquitectura rara vez incluye la ficción, limitándose a las arquitecturas producidas por los arquitectos. Así que decidimos, con cierta ironía, hacer una especie de “enciclopedia por fascículos”, dedicada a las arquitecturas de ficción. De momento lo acotamos al espacio doméstico porque trabajamos mucho en este campo y nos sirve de aprendizaje, aunque se podría extender a otros ámbitos. Empezamos con la domesticidad en la era de la industrialización de la ciudad, partiendo de tres casos de estudio: “El hotel eléctrico” (1908), de Segundo de Chomon, “The Sacrecrow” (1920) y “The Electric House” (1922), ambas de Buster Keaton. Estas ficciones nos permiten radicalizar y problematizar temas arquitectónicos. Por ejemplo, en la casita de Buster Keaton se articula una comunidad cosmopolítica y ecológica súper low tech, una sociedad compleja que reúne una piara de cerdos, tres humanos y unos patos. Poco importa si Buster Keaton pensaba que estaba proyectando este espacio de cohabitación, si nos ayuda a pensar lo doméstico.

En el segundo fascículo, Super petites maisons, que estamos rematando ahora, y que de momento sólo han visto Camilo y Diego, investigamos cómo participa la arquitectura en la gestión del deseo, a través de tres casas libertinas de diferentes momentos históricos. A través de este proyecto, reivindicamos la inscripción de estos relatos en las historias de la arquitecturas, y por ello seguimos cierto canon y dibujamos con precisión los planos de estos espacios fílmicos o literarios.

Diego: Los ejemplos que describe Uriel conforman aquello que en nuestro caso llamamos micro-realidades. Un personaje de una película, una mujer que cuida a su familia transnacional en Risaralda, o las arquitecturas de Sade; todo eso forma parte del repertorio del mundo de la arquitectura. Quizás de unas arquitecturas ocultas, subordinadas, aún no narradas, exteriores a la tradición, pero que tanto desde Husos como desde elii se intentan visibilizar y potenciar.

Camilo: Extendiendo la idea de que la relación ficción / no ficción es bastante porosa, me gustaría hablar del caso latinoamericano, donde el 50% de la ciudad se construye de manera informal, sin arquitectos. Es curioso ver que una casa básica, de las que se hacen poco a poco, puede tener goteras, estar a medio hacer, pero probablemente ya tenga su televisión. La televisión, y en particular las telenovelas, que ven millones de personas, tienen un efecto en la arquitectura. Y es que los medios de comunicación parecen preceder la llegada de la arquitectura legitimada, con sus conocimientos disciplinares. En los años 2000 llevamos a cabo una investigación sobre la manera en que las telenovelas de moda se traducían en la decoración y ordenación del espacio de estas viviendas. La ficción está en los imaginarios de la gente, y es un agente más en su día a día. Como tal, es una herramienta de la que puede valerse el urbanismo, algo que hicimos en el proyecto Realovelas. El proyecto buscaba propiciar que comunidades de vecinos, junto a profesionales, fabricaran sus propios relatos, construyendo sus imaginarios, y mirando y acercando ciertas prácticas arquitectónicas, como por ejemplo indicando en los barrios de autoconstrucción aquellas zonas donde hay riesgo de asentarse por deslizamientos de tierras, inundaciones u otros.

Uriel: Por terminar, hay un texto de Jacques Rancière donde plantea que la relación entre el arte y la ficción es muy directa. Y para mí, funciona igualmente con la arquitectura. En realidad, la arquitectura, es justamente un ejercicio de ficción: imaginar un espacio posible, pensar sus modos de habitar y poner los medios posibles para que llegue a realizarse. ¡Estamos entrenados para eso! Tomar conciencia del plano ficcional en todo proyecto arquitectónico es algo que se da de manera bastante espontánea.

Siguiendo con las prácticas que muerden en lo disciplinar, me gustaría profundizar en algo que ya empezabais a señalar, que es el papel de los “no expertos", de los profanos, en vuestros proyectos. La filósofa Vinciane Despret dice en su investigación sobre las relaciones entre vivos y muertos que, hablando con la gente, se dio cuenta de que había dado con “un territorio de gran inteligencia”, y me habéis recordado esa frase al hablar de los distintos saberes arquitectónicos que tenemos encuerpados. ¿Cómo hacéis más porosa la relación experto/usuario?

Camilo: Hay proyectos en los que hemos intentado que el propio encargo no se quedara en el campo experto, y por eso hemos recurrido a formatos híbridos para comunicar los proyectos y con capacidad de conectar con distintos tipos de personas. Por ejemplo, en Urbanismos de remesas, pusimos en circulación la investigación mediante un libro que no es un libro y sí lo es, en manos de los interesados. La fotorealovela de alguna manera plantea ese gesto: dar a conocer, poner en valor y conectar casos y personas que han producido ciudad de otra manera, a partir de una mayor autogestión de sus casas, sus barrios y de las remesas. Procesos que parecen aislados, minoritarios, que a menudo son denostados según varias visiones. La fotorealovela intenta propiciar el diálogo entre diferentes saberes. En paralelo existe el urbanismo de remesas financiarizado y gestionado por grandes promotores, que además tiende a construirse en base a una idea de familia nuclear idealizada, formando barrios (cerrados muchos de ellos) de uso puramente residencial, es decir monofuncional. En muchas viviendas construidas de un modo más autogestionado se percibe una inteligencia, vinculada a crear otras configuraciones espaciales sensibles a los trabajos de cuidados y re-productivos que se desarrollan allí. Por ejemplo, en la casa de Lilia hay un espacio central alrededor del cual pivotan los demás espacios. Eso le permite mirar y cuidar a tres personas que además tienen un alto nivel de dependencia. Existen también viviendas que tienen dos entradas, algo que permite subdividir la casa y alquilar una parte como local o vivienda, o tener un negocio. Estas estrategias permiten atender, paliar los déficits de cuidados, que están inscritos en la crisis global de cuidados; o en ocasiones ayudar a generar ingresos complementarios, y eso es algo que el otro urbanismo no suele, no quiere o no puede hacer.

Diego: En lo que menciona Camilo, había una intención de acercar teoría y práctica, pero también estaba presente la pregunta de cómo pensar con las comunidades (y no sólo pensar sobre ellas). Cuando además eres un estudio de arquitectura con una capacidad de acción reducida, el “pensar con” posibilita que otros a su vez puedan llevar más allá algunas reflexiones críticas, tomas de posiciones y decisiones. Por ejemplo, si facilitas acceso a semillas, otros puedes plantar variedades nectaríferas en diferentes lugares de Cali, lugares a los que a lo mejor tú difícilmente accederías. O pensando en Urbanismos de Remesas, por medio de dar visibilidad a una realidad compartida, pero que muchas personas vivimos de manera aparentemente individual, a lo mejor algunas se animen a pensar o incluso a poner a prueba otros modelos de vivienda y de ciudad. Como suele suceder con las remesas, a veces nos centramos en nuestra realidad como si de un caso aislado se tratase, cuando muchas veces no es así: por esto nos parece importante en proyectos como éste reconocer las singularidades y al mismo tiempo visibilizar el enorme poder colectivo que pueden tener muchas de nuestras pequeñas acciones cotidianas.

Uriel: Yo veo muy claro la centralidad que tienen las cotidianidades en el trabajo de Husos. En el proyecto de Bathyard home, por ejemplo, hay una toma de conciencia de los usos y rituales del baño que tiene una persona, que por otro lado está muy apegada a sus plantas que le acompañan en su mudanza. Y es que, por decirlo de otra manera, para Husos, no hay cliente malo. Trabajan desde la afirmación, desde la redescripción de lo cotidiano, y desde la consideración de que un uso no convencional del baño puede tener un papel central en una casa, a la vez que se convierte en un espacio idóneo para las plantas. En el edifico hospedero nectarífero es muy claro también cómo se incorporan las cotidianidades de personas, pero también de plantas, insectos, pájaros, cuestionando un punto de vista antropocéntrico. De Husos me interesan mucho estas arquitecturas que acompañan o desde las que se acompasan ecosistemas. Frente a una manera de comprender la disciplina como de conocimiento cierto, funcionalista, que opera desde las certezas de los expertos, aquí la atención a lo cotidiano es una oportunidad para explorar otros espacios de cohabitación. Esto solo es posible cuando no se trabaja desde una metafísica fuerte, cuando se dejan de lado los juicios para adentrarse plenamente en la composición de los problemas. En el caso de elii, intentamos también activar fuertemente las relaciones con lo cotidiano. En el estudio hablamos mucho de concebir “playfields”, campos de juego. Por ejemplo, los espacios domésticos los pensamos como teatros domésticos, donde el performer es el propio habitante. Por eso nos interesan los espacios transformables (lo cual no te obliga a transformarlos), que son una manera de reconocer la mutabilidad y multiplicidad de la identidad y de facilitar la experimentación con los guiones cotidianos. Nos interesa una arquitectura que abre potencias, no que satura programas.

En proyectos como Super petites maisons nos interesa entender cómo las cotidianidades también están articuladas por el deseo. Pocas veces se trata la relación entre arquitectura y deseo.Se habla de urbanismo, normativa, funcionalidad, medio ambiente, pero pocas veces se piensa cómo potenciar la relación entre dispositivos, cotidianidad y deseo.

Y ya que mencionabas la muerte, Carlos, quería comentar que uno de los gabinetes de crisis de ficciones políticas, que se hizo en directo en el programa de Radio Círculo Universo paralelo, planteamos el descubrimiento de la vida eterna. Y no te das cuenta de hasta qué punto tu vida está anclada a la muerte hasta que la suspendes. Las leyes, las relaciones amorosas, las penas jurídicas, la arquitectura, todo se encuentra vinculado, de alguna u otra manera, con la muerte.

Si os parece, ya que hablamos de muerte, podemos ir finalizando esta entrevista con nuestra pregunta ritual… ¿Qué tres cosas, objetos, bizarrerías meteríais en un gabinete de curiosidades que abogue por la interdisciplinariedad? ¡En la entrevista han salido unas cuantas cosas!

Uriel: Yo metería un alienígena, un libro de workout de Jane Fonda y un clave de salsa.

Camilo y Diego: Y nosotros meteríamos un caballo de Troya, las rutas migratorias de los pájaros y una peluquería doméstica.


Uriel Fogué es arquitecto y socio fundador de elii y co-fundador del del grupo de investigación [Inter]sección de Filosofía y Arquitectura interseccion.es.
Camilo García es arquitecto y co-fundador de Husos, además de Es profesor de proyectos de urbanismo en la IE University School of Architecture y de proyectos arquitectónicos y del Máster de Arquitectura y Energía en la UCJC.
Diego Barajas es arquitecto y fundador de Husos y profesor en School of Architecture and Design.